• Perdiendo el miedo

       Continuando con el post publicado la semana pasada por Vanessa Sánchez (nuestra experta en Desarrollo de Personas), sobre el Liderazgo Brillante, donde hizo un repaso del liderazgo necesario para que las empresas enfrenten los retos de este principio de siglo, hoy os voy a acercar uno de los problemas para su implantación en las organizaciones, ese problema me gusta llamarlo el Miedo a Derrapar.


       Los responsables que han traído las organizaciones y sus equipos hasta este punto de nuestra historia ejercieron un liderazgo basado en la línea jerárquica donde la posición en el organigrama marcaba el paso de los que estaban por debajo de él. Así ha sido desde la última revolución industrial, en organizaciones estructuradas para funcionar como si un reloj suizo se tratase, donde cada persona ocupaba un lugar y una función muy concreta, y el "ordeno y mando" era el único mecanismo de comunicación. Esta forma de trabajar encumbró a estos responsables a situarse en atalayas a las que difícilmente se podía acceder, costando años de aprendizajes y de "tragar mucho barro" hasta que se producía la sucesión.

    El Ordeno y Mando ya no resuelve los retos actuales.

       En ocasiones, alguien por debajo del escalafón demostraba talento para mejorar los procedimientos y procesos a través de un incipiente nuevo estilo de liderazgo, lo que provocaba una reacción de rechazo inmediata por parte de sus responsables, que así evitaban derrapar de sus puestos de mando. Un miedo atroz se apoderaba de ellos temiendo verse expuestos, verse "superados".

       Pilar Jericó, en su libro de cabecera, No Miedo, califica esta emoción como el Miedo a perder el poder, y es el miedo al que se están enfrentando y al que se están aferrando las organizaciones y los responsables actuales.

       Las estructuras, organigramas y liderazgos del siglo XX se están viendo absolutamente superados por los retos y las nuevas formas de management, donde la persona toma el centro, donde el talento debe asumir el liderazgo en base a necesidades puntuales y no sistémicas, donde todos y ninguno son responsables últimos del devenir de la organización, donde la confianza es el caldo de cultivo que aumenta la productividad, donde el cambio constante y la adaptación es lo único seguro.

       Y ¿qué pasará con el antiguo estilo de liderazgo?, pues probablemente quedará obsoleto, formará parte de los libros de historia que estudiarán nuestros nietos, siempre y cuando se hagan conscientes de que ellos, sin duda, también pueden aprender, pueden cambiar, pueden vivir.
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