• Zidane y el Liderazgo

       La semana pasada tuvimos la oportunidad de asistir a dos visiones diferentes de como el liderazgo asume responsabilidades, curiosamente durante el mismo día dos líderes públicos vivieron sus últimas horas en sus puestos y ofrecieron una lección de como se puede cerrar una etapa en un equipo.

       Y es que ser un líder no tiene que ver tanto con la capacidad de mando o poder como con la capacidad de influencia y compromiso con el equipo del que se forma parte. El líder tiene siempre un trabajo más complejo que el resto, ya que sus objetivos no dependen directamente de su trabajo, sino del buen hacer del equipo al que representan.



       Tradicionalmente las labores de liderazgo estaban implícitas a cargos de responsabilidad, y por lo tanto alguien podía verse en la responsabilidad de liderar un equipo de forma sobrevenida en la que se podía gestionar el equipo a través del mando, o sea, del ejercicio del poder. De esta forma cada miembro del equipo se veía sometido a las normas y objetivos de aquellos que ostentaban el poder. Esta forma de liderar ha ido sufriendo encontronazos con una nueva realidad en la que los miembros del equipo, de diferentes formas, han descubierto que el verdadero liderazgo es otorgado por el equipo y no al revés. Es la congruencia, el trabajo, el apoyo incondicional y el compromiso lo que hace emerger de forma incontrolada un nuevo tipo de liderazgo que lejos de intentar hacerse imprescindible, abrazo justo el opuesto, busca general liderazgo en el resto del equipo.

    El Liderazgo consciente busca hacerse prescindible.

      El liderazgo tradicional está viviendo horas bajas y duras, pues está quedando al descubierto que tras el ejercicio del poder, muchas veces se oculta la incompetencia, y entonces el miedo es el único pegamento que mantiene unido al equipo. Cuando el líder pierde el poder, se produce un efecto curioso en el que cada miembro se convierte en un imán repeliéndose entre si y provocando la desmembración del equipo. Las luchas por el poder entonces son el único objetivo posible, ocupar el lugar del líder caído con el fin único del beneficio propio.

       El liderazgo consciente en cambio, no permite esta situación, detecta posibles problemas en el seno del equipo cuando los egos y la falta de responsabilidad amenazan la cohesión del equipo, una cohesión lograda a través de valores y objetivos comunes, y entonces, lejos de buscar culpables, intenta dar una lección desde la humildad absoluta tomando la única decisión posible, dando ejemplo, y abandonando el equipo para, una vez más, recordar a cada uno de sus miembros el camino de la responsabilidad y la conciencia, por que el éxito de un líder no está en la consecución de los objetivos propios o colectivos, el éxito de un verdadero líder es promover el liderazgo consciente de cada uno de los miembros del equipo, y esto amigos, es un camino capaz de cambiar el mundo.

    El miedo a tomar una decisión esconde siempre una falta de visión.

       Pero además de hablar de liderazgo, estos ejemplos vividos nos hablan de dos formas de enfrentar la realidad con la toma de decisiones y es que el miedo a tomar una decisión esconde siempre una falta de visión, cuando no vislumbramos el futuro, no queda otra que aferrarnos al pasado, y en esa situación, pasamos a hacer girar la rueda del ratón, agotando nuestras energías, deteniendo el avance hacia los objetivos y promoviendo la sensación de peligro. 

       Por otro lado está la decisión firme, basada en valores y en una visión del conjunto, en la que los problemas solo pueden ser resueltos agitando al equipo desde una situación donde el compromiso sea la vara de medir de cara al futuro. De esta forma, se aclaran todas las dudas, y cada miembro comprende su importancia relativa en el conjunto, y como su situación compromete a la totalidad; así lejos de promover la parálisis y el miedo, se promueve la acción y el aprendizaje, y es que la realidad siempre supera a la ficción.
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